Wednesday, September 2, 2026

OPINION | Ormuz en llamas: cuando el precio del petróleo se convierte en el termómetro de la guerra

🛢️🔥 Ormuz en llamas: el termómetro de una guerra que pagamos todos 🌍
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Cuando Estados Unidos e Irán se disparan en el estrecho de Ormuz, el eco no se queda en Medio Oriente… llega directo al bolsillo dominicano. 💸🇩🇴

📈 WTI a 91 y Brent rozando los 96 dólares ⛴️ La peligrosa doctrina de "petrolero por petrolero" ⚠️ El verdadero drama está en el diésel: récords históricos de refinación 🏦 El Banco Central estima +900 millones de dólares a la factura petrolera de 2026

La pregunta de fondo: ¿nos encontrará el próximo choque petrolero como víctima pasiva o como economía preparada? 🔋☀️

👉 La soberanía energética no se decreta en la crisis: se cultiva en la calma.

🖋️ Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
https://x.com/LuisOrlandoDia1/status/2095164925404430829?s=20
#Ormuz #Petróleo #CrisisEnergética #RepúblicaDominicana #Geopolítica #Diésel #EEUU #Irán #Economía #SoberaníaEnergética #Inflación #EnergíasRenovables #Opinión #Columna https://guecin.com/ormuz-en-llamas-cuando-el-precio-del-petroleo-se-convierte-en-el-termometro-de-la-guerra/ a través de @Guecin
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La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán, con ataques directos contra petroleros y una política de "buque cisterna por buque cisterna", ha vuelto a incendiar los mercados energéticos y ha colocado al estrecho de Ormuz como el epicentro de una crisis que Washington no controla, Teherán no cede y economías importadoras como la República Dominicana pagan sin haber disparado un solo proyectil

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Hay conflictos que se miden en comunicados militares y hay conflictos que se miden en el surtidor. La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán pertenece a esa segunda categoría, la más peligrosa, porque traslada la lógica de la guerra a la economía cotidiana de millones de personas que jamás decidieron entrar en ella. En la madrugada del miércoles, el crudo volvió a arder junto con el estrecho de Ormuz: el West Texas Intermediate superó los 91 dólares por barril y el Brent se acercó a los 96, acumulando un alza cercana a los cinco dólares desde que se reanudaron las hostilidades tras un mes de relativa calma. No se trata de un movimiento especulativo pasajero, sino de la expresión financiera de una verdad incómoda: el mercado ya no está poniendo precio al riesgo de guerra, sino al costo de una guerra sin resolución, una advertencia que resume con precisión la analista Priyanka Sachdeva, de Phillip Nova, cuando afirma que el crudo cotiza cada vez más "el costo de un conflicto irresuelto". [freepressjournal.in], [bolnews.com]

El salto cualitativo de esta fase merece ser leído con rigor. El Comando Central de Estados Unidos informó haber completado una oleada de ataques contra emplazamientos de defensa aérea, sistemas de radar, activos e instalaciones marítimas, capacidad de colocación de minas y centros de comunicaciones iraníes, en represalia por los intentos de la Guardia Revolucionaria de atacar buques comerciales en Ormuz y a militares estadounidenses en la región. Pero el dato que redefine el tablero lo aportó Axios: por primera vez, Washington golpeó dos petroleros iraníes en represalia, y no como parte del bloqueo vigente, inaugurando una doctrina de "petrolero por petrolero" que convierte los buques cisterna en blancos legítimos de una lógica de castigo recíproco. Cuando un Estado decide hundir la infraestructura de exportación del adversario como método de presión, ha cruzado una frontera que ya no separa la disuasión de la destrucción, y el mercado lo entiende de inmediato. [uk.finance.yahoo.com], [oilprice.com]

La respuesta iraní confirmó que el ciclo de represalias está lejos de agotarse. Teherán lanzó misiles y drones contra objetivos en Jordania, Kuwait y Bahréin, y aunque las defensas aéreas jordanas interceptaron diez de trece misiles balísticos, la señal estratégica es clara: Irán posee todavía capacidad de proyectar dolor más allá de sus fronteras. A ello se sumó la dimensión humana que ninguna crisis energética debería ocultar. Según la Media Luna Roja iraní, cinco personas murieron y decenas resultaron heridas cuando la metralla alcanzó una boda cerca de Sirik, en la costa del estrecho, y entre los fallecidos figuraba un niño de cuatro años. Detrás de cada punto porcentual que sube el barril hay familias que entierran a sus muertos, y esa contabilidad moral no puede diluirse en los gráficos de Wall Street. [uk.finance.yahoo.com], [france24.com]

El estrecho de Ormuz vuelve así al centro absoluto de la ecuación global. Por esa vía circulaba cerca del 20 % del petróleo mundial antes de que estallara la guerra el 28 de febrero, y hoy transita apenas un puñado de buques diarios, muchos navegando "a oscuras", con sus transponedores apagados, para eludir drones, minas o interceptaciones. Estados Unidos había logrado restablecer parte del tráfico por una ruta meridional cercana a Omán, recurriendo a pequeños petroleros, navegación nocturna y trasvases de barco a barco, elevando las exportaciones a unos 4,2 millones de barriles diarios, todavía lejísimos de los 20 millones previos al conflicto. Esa frágil recuperación acaba de sufrir un golpe demoledor. Como advirtió el analista de Commerzbank Carsten Fritsch, las esperanzas de una pronta reapertura del estrecho a la navegación "han sufrido un duro revés", y el estratega de MST Financial, Saul Kavonic, sintetizó el nuevo estado de ánimo del mercado con una frase que debería inquietar a todo importador: podríamos estar entrando en una situación prolongada de "ni guerra ni paz", con volúmenes parciales fluyendo por Ormuz, que se extendería hasta bien entrado 2027. [abc.com.py], [aljazeera.com]

Conviene aquí desmontar un espejismo persistente. El precio del petróleo crudo, por elevado que esté, no cuenta toda la historia. La verdadera tensión física se está manifestando en el diésel, el combustible que mueve la economía real, y ahí las cifras son alarmantes. El diferencial de refinación del diésel en Estados Unidos superó el 1 de septiembre los 106 dólares por barril, un récord histórico absoluto, mientras el diferencial del gasóleo ICE en Europa tocó los 79 dólares, también sin precedentes. La escasez responde a una tormenta perfecta de tres frentes simultáneos: las interrupciones en Oriente Medio por Ormuz, la prohibición rusa de exportar diésel tras los incesantes ataques ucranianos con drones a sus refinerías, y unas exportaciones chinas que aún no se recuperan de meses de restricciones. El resultado, según estimaciones citadas por el American Petroleum Institute, es que el mundo procesa hoy unos cinco millones de barriles diarios menos que hace un año, casi el 10 % de la capacidad global de fabricación de combustibles. Como lo expresaron los estrategas de ING Warren Patterson y Ewa Manthey, "el sistema mundial de refinación tiene poco margen de maniobra para compensar las perturbaciones que estamos presenciando". [ttnews.com], [baystreet.ca], [api.org]

Esta distinción entre crudo y refinados es decisiva porque revela dónde reside verdaderamente el poder en el mercado energético contemporáneo. Producir más petróleo no equivale a disponer de más gasolina ni de más diésel si las refinerías operan cerca de su límite. Por eso las compañías refinadoras están cosechando ganancias extraordinarias en medio de la emergencia, hasta el punto de que Goldman Sachs duplicó la semana pasada su previsión de beneficios para el sector. El barril caro perjudica al consumidor y enriquece al intermediario que lo transforma, y esa asimetría es la que explica la creciente frustración política en Washington. Pero la indignación no fabrica capacidad de refinación, y ningún discurso presidencial construye en semanas la infraestructura que el mercado tardó décadas en configurar. [baystreet.ca], [oilprice.com]

El componente político añade una capa de imprevisibilidad que el propio mercado castiga. Ante un reportaje que sugería que la presión económica y militar buscaba forzar a Irán a negociar, el presidente Trump replicó en redes sociales que le daba "completamente igual" si Teherán firmaba un acuerdo, y llegó a preguntar cuándo se levantaría el pueblo iraní para luchar. Esa retórica, sumada a la advertencia del secretario del Tesoro Scott Bessent sobre nuevas sanciones y a las amenazas de golpear a Irán "con dureza", configura un liderazgo que apuesta por la personalización del conflicto y la escalada verbal como método. El problema es que los mercados no operan con bravatas, sino con probabilidades, y cada declaración incendiaria añade prima de riesgo al barril y, por extensión, a la factura de todos los países importadores del planeta. [uk.finance.yahoo.com], [france24.com]

El desplome de Wall Street del martes ilustró con crudeza el efecto dominó. El Dow Jones perdió 413,41 puntos, el S&P 500 retrocedió 0,71 % y el Nasdaq cayó 1,01 %, mientras el sector energético fue de los pocos beneficiados. Más revelador aún fue el vuelco en las expectativas de política monetaria: la probabilidad de un ajuste al alza de 25 puntos básicos en la reunión de septiembre de la Reserva Federal saltó al 68,2 %, frente al 39,6 % de apenas una semana antes. La energía cara se transmite a los costos de transporte, manufactura y alimentos, complicando la lucha contra la inflación y forzando a los bancos centrales a decisiones más restrictivas. El petróleo, una vez más, demuestra ser la variable que conecta un ataque en Ormuz con la tasa hipotecaria de una familia en Nueva York o con el costo del pasaje en Santo Domingo.

Y es precisamente ahí donde esta guerra deja de ser noticia internacional para convertirse en asunto doméstico dominicano. El Banco Central de la República Dominicana estimó que el choque energético asociado al conflicto con Irán añadiría unos 900 millones de dólares a la factura petrolera de 2026, elevándola a aproximadamente 5,400 millones de dólares al cierre del año. La inflación interanual ya superó el rango meta de 4 % ± 1 %, impulsada por el encarecimiento de los combustibles, y aunque el emisor califica el choque como transitorio y ha mantenido sin cambios su tasa de política monetaria, aplazando hasta enero de 2027 el retorno de 46,000 millones de pesos en facilidades de liquidez, la palabra "transitorio" empieza a sonar optimista frente a un conflicto que los propios analistas ya proyectan hasta 2027. Cada nueva escalada en Ormuz no es una abstracción geopolítica: es un incremento directo en el costo de vida, en la presión fiscal y en la disponibilidad de divisas de la nación dominicana. [diariolibre.com], [hoy.com.do], [eldinero.com.do]

La lección estratégica para la República Dominicana es tan clara como urgente. Depender excesivamente de combustibles importados significa transferir al mercado interno las consecuencias de decisiones que se toman en Washington y Teherán, de misiles que se disparan sobre Jordania y de drones que caen sobre refinerías rusas. La respuesta nacional no puede reducirse a subsidiar semanalmente los precios, porque esa herramienta, aunque protege temporalmente a hogares y sectores productivos, consume recursos públicos que deberían destinarse a educación, salud e infraestructura. La verdadera protección se construye acelerando la diversificación de la matriz energética, ampliando la generación renovable, fortaleciendo el almacenamiento estratégico, modernizando el transporte colectivo y promoviendo una cultura de eficiencia en el consumo. La soberanía energética no se decreta ante una crisis: se cultiva durante los años de calma, precisamente para que la calma ajena no nos encuentre desprevenidos.

El estrecho de Ormuz volverá a abrirse y a cerrarse muchas veces antes de que este conflicto encuentre su desenlace, y en cada oscilación el barril subirá y bajará arrastrando consigo la inflación, las bolsas y las cuentas nacionales de medio planeta. Estados Unidos ha descubierto que su condición de mayor productor mundial de crudo no lo blinda contra un mercado global de combustibles refinados que escapa a su control, e Irán ha comprendido que la interrupción del flujo energético sigue siendo su arma más eficaz frente a una presión económica que ya llevó al rial a mínimos históricos. En medio de esa pulseada de titanes, quedan los consumidores, los importadores y las naciones pequeñas que pagan el precio de una guerra que no eligieron. La República Dominicana no puede detener los misiles sobre Ormuz, pero sí puede decidir cuánto de su destino económico queda a merced de ellos. Esa decisión, y no los comunicados de Centcom (Comando Central de los Estados Unidos) ni los tuits presidenciales, es la que definirá si el próximo choque petrolero nos encuentra como víctima pasiva o como economía preparada.

Título: Ormuz en llamas: cuando el precio del petróleo se convierte en el termómetro de la guerra

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Columna de opinión

Ormuz en llamas: el termómetro de una guerra que pagamos todos

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Hay conflictos que se miden en comunicados militares y otros que se miden en el surtidor. La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán pertenece a la segunda categoría, la más peligrosa, porque traslada la lógica de la guerra a la economía cotidiana de millones que jamás decidieron entrar en ella. Esta semana el crudo volvió a arder junto con el estrecho de Ormuz: el West Texas superó los 91 dólares y el Brent rozó los 96, un alza cercana a los cinco dólares desde que se reanudaron las hostilidades. No es especulación pasajera, sino la expresión financiera de una verdad incómoda: el mercado ya no cotiza el riesgo de guerra, sino el costo de una guerra sin resolución.

El salto cualitativo merece rigor. Washington golpeó por primera vez dos petroleros iraníes en represalia, inaugurando una doctrina de "petrolero por petrolero" que convierte los buques cisterna en blancos legítimos. Cuando un Estado hunde la infraestructura de exportación del adversario como método de presión, ha cruzado la frontera que separa la disuasión de la destrucción. Irán respondió con misiles y drones sobre Jordania, Kuwait y Bahréin, y dejó también una dimensión humana ineludible: cinco muertos, entre ellos un niño de cuatro años, cuando la metralla alcanzó una boda cerca de Sirik. Detrás de cada punto porcentual que sube el barril hay familias que entierran a sus muertos.

Conviene desmontar un espejismo persistente. El precio del crudo no cuenta toda la historia; la verdadera tensión está en el diésel, el combustible que mueve la economía real. El diferencial de refinación en Estados Unidos superó los 106 dólares por barril, récord absoluto, en medio de una tormenta perfecta: Ormuz, la prohibición rusa de exportar diésel y unas exportaciones chinas que no se recuperan. El mundo procesa hoy cinco millones de barriles diarios menos que hace un año. Producir más petróleo no equivale a tener más gasolina si las refinerías operan al límite: por eso el barril caro enriquece al intermediario mientras castiga al consumidor.

Y aquí la guerra deja de ser noticia internacional para volverse asunto doméstico. El Banco Central de la República Dominicana estimó que el choque energético añadirá unos 900 millones de dólares a la factura petrolera de 2026, elevándola a cerca de 5,400 millones. La inflación interanual ya superó el rango meta, y la palabra "transitorio" empieza a sonar optimista frente a un conflicto que los analistas proyectan hasta 2027. Cada escalada en Ormuz es un incremento directo en el costo de vida dominicano.

La lección es clara y urgente. Depender en exceso de combustibles importados es transferir al mercado interno decisiones que se toman en Washington y Teherán. La verdadera protección no es subsidiar semanalmente, sino diversificar la matriz, ampliar la generación renovable, fortalecer el almacenamiento estratégico y cultivar eficiencia. La soberanía energética no se decreta en la crisis: se cultiva en la calma. La República Dominicana no puede detener los misiles sobre Ormuz, pero sí decidir cuánto de su destino queda a merced de ellos.


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Ing. Luis Orlando Díaz Vólquez
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