En un mundo fracturado por guerras, rivalidades comerciales y crisis energéticas, la República Dominicana debe convertir Meta RD 2036 en una estrategia de productividad, cohesión social y autonomía inteligente
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditores
El mundo está descubriendo, quizá demasiado tarde, que la paz no constituye solamente un ideal humanitario. Es también una infraestructura económica.
Sin paz no existen rutas comerciales plenamente seguras, energía previsible, inversión paciente ni presupuestos públicos protegidos contra las emergencias. Las guerras encarecen los alimentos y los combustibles, alteran las cadenas de suministro, elevan los tipos de interés y obligan a los Estados a desviar recursos que deberían financiar educación, salud, agua, innovación e infraestructura.
Las grandes potencias pueden absorber temporalmente algunos de esos costes. Los países vulnerables y de renta media no disponen del mismo margen. Para ellos, una guerra lejana puede convertirse rápidamente en inflación doméstica, déficit fiscal, endeudamiento y pérdida de empleos.
Esa es la advertencia que emerge de la convergencia actual entre los problemas económicos internos de China, la guerra de Ucrania, las tensiones de Oriente Próximo, la política energética de Rusia y la polarización electoral de Estados Unidos.
Una economía mundial resistente, pero cada vez más desigual
El Fondo Monetario Internacional proyecta que el crecimiento mundial se desacelerará al 3,1 % en 2026 y podría recuperarse hasta el 3,4 % en 2027. También prevé que la inflación internacional alcance un 4,7 % en 2026 y advierte de que las economías importadoras de energía situadas fuera de las cadenas tecnológicas afrontan las condiciones más difíciles.
El Banco Mundial, a partir de supuestos diferentes, presenta una perspectiva más cautelosa y sitúa el crecimiento mundial de 2026 en un 2,5 %. Su diagnóstico señala los efectos adversos de los conflictos, el encarecimiento de la energía, la incertidumbre normativa y el aumento de los costes de endeudamiento para los mercados emergentes y las economías en desarrollo.
Las cifras difieren, pero el mensaje esencial es el mismo: la economía mundial continúa creciendo, aunque lo hace sobre bases frágiles, con menores márgenes fiscales y una distribución profundamente desigual de los riesgos.
La globalización no está desapareciendo. Está cambiando de naturaleza. Las decisiones sobre inversiones, comercio, tecnología y energía ya no responden únicamente a criterios de eficiencia. Ahora están condicionadas por la seguridad nacional, la rivalidad geopolítica y la necesidad de controlar cadenas de suministro consideradas estratégicas.
China y los límites del crecimiento exportador
China representa una de las mayores paradojas del momento. Su capacidad exportadora, industrial y tecnológica sigue siendo formidable, pero una parte importante de su economía doméstica permanece presionada por la debilidad del consumo, las dificultades inmobiliarias y la pérdida de confianza de determinados sectores sociales.
BNP Paribas Economic Research ha identificado una brecha creciente entre el dinamismo del sector exportador chino y la fragilidad de las actividades dependientes de la demanda interna. KPMG China también describió una divergencia en la cual la demanda externa supera a la doméstica, mientras las ciudades y los sectores económicos evolucionan a velocidades diferentes.
El problema no es que China exporte demasiado por definición. El peligro aparece cuando sus desequilibrios internos se trasladan hacia los mercados internacionales mediante una competencia que otros países consideran imposible de enfrentar.
Si Estados Unidos y Europa responden con más aranceles, subsidios y restricciones tecnológicas, las economías pequeñas quedarán atrapadas entre sistemas rivales.
Joseph Nye definió la relación entre Estados Unidos y China como una posible “rivalidad cooperativa”. Su planteamiento reconoce que la competencia es inevitable, pero sostiene que determinadas formas de poder deben ejercerse con otros y no solamente contra otros. La cooperación frente al cambio climático, las pandemias, la proliferación nuclear y otros desafíos transnacionales puede producir beneficios compartidos.
Ese enfoque resulta especialmente importante para América Latina y el Caribe. La región no necesita una nueva Guerra Fría que le obligue a escoger entre plataformas tecnológicas, mercados financieros y socios comerciales mutuamente excluyentes. Necesita reglas claras que le permitan diversificar relaciones sin sacrificar soberanía, seguridad ni principios democráticos.
Ucrania no puede ser excluida de su propia paz
La propuesta atribuida a Vladimir Putin de discutir el futuro de Ucrania con Donald Trump y Xi Jinping, sin la participación de Volodímir Zelenski, revive una concepción peligrosa del poder internacional: la idea de que los países grandes pueden decidir el porvenir de las naciones más pequeñas.
El Wall Street Journal ha descrito la iniciativa como un intento de alcanzar una solución favorable a Moscú, cuya realización sin Ucrania provocaría preocupación en las capitales europeas.
Naturalmente, el diálogo entre los principales actores internacionales puede contribuir a reducir los riesgos de escalada. Pero una conversación entre potencias no equivale a una paz legítima.
Ucrania deberá participar en cualquier negociación sobre su territorio, su seguridad y su futuro político. Europa también necesitará intervenir porque las consecuencias estratégicas y económicas del conflicto afectan directamente a su seguridad.
El Sistema de las Naciones Unidas en Ucrania plantea que la recuperación debe articularse alrededor de la inversión en las personas, el crecimiento inclusivo, la resiliencia energética y ambiental, y el fortalecimiento de la paz, la justicia y las instituciones.
Esta concepción es más completa que un simple alto el fuego. Detener los disparos es indispensable, pero no suficiente. Una paz que carezca de garantías, legitimidad, reconstrucción y participación de la sociedad afectada será apenas una pausa entre dos guerras.
El doble filo de la energía rusa
Las decisiones sobre el petróleo, el gas y el diésel rusos revelan otra contradicción. Restringir esas exportaciones puede reducir los ingresos de Moscú, pero retirar abruptamente grandes volúmenes de energía del mercado internacional también puede elevar los precios y castigar a los países importadores.
El KSE Institute sostiene que las perturbaciones del mercado energético mundial han limitado la adopción de medidas más profundas contra las exportaciones rusas. El centro también identifica vulnerabilidades fiscales y macroeconómicas crecientes dentro de Rusia, pese a los ingresos extraordinarios procedentes de la energía.
Axios informó, además, de explicaciones contradictorias dentro de la Administración de Donald Trump sobre la flexibilización relacionada con el diésel ruso. Mientras una versión presentó la apertura como incentivo para reducir la guerra, otra argumentó que el combustible sería vendido independientemente de la intervención estadounidense.
Las contradicciones importan porque una política de incentivos solo puede ser eficaz si establece condiciones verificables. Una concesión sin reducción comprobable de las hostilidades corre el riesgo de transformarse en un salvavidas económico para quien sostiene la guerra.
Las sanciones no deben evaluarse por la dureza de los discursos, sino por sus resultados. Deben reducir los recursos disponibles para financiar la violencia sin provocar una crisis de energía que termine castigando a las poblaciones vulnerables del resto del mundo.
Cuando la política exterior se convierte en campaña electoral
La polarización estadounidense está afectando la continuidad de su política exterior.
Axios informó de que el respaldo de Donald Trump a Benjamin Netanyahu se produjo nueve días antes de las elecciones israelíes y podía influir en una contienda crítica para la supervivencia política del primer ministro.
El Wall Street Journal también señaló que candidatos republicanos en elecciones reñidas comenzaban a distanciarse de la política de Donald Trump hacia Rusia.
Las democracias tienen derecho a revisar sus políticas internacionales. Sin embargo, cuando alianzas, sanciones, guerras y acuerdos energéticos quedan sometidos a los intereses inmediatos de una campaña, el sistema mundial pierde previsibilidad.
Los aliados dejan de saber cuánto durarán los compromisos. Los adversarios pueden explotar las divisiones internas. Los mercados incorporan incertidumbre y las instituciones multilaterales pierden capacidad de mediación.
La política exterior necesita control democrático, pero también continuidad institucional. Las relaciones internacionales no pueden depender únicamente de afinidades personales entre gobernantes.
El desafío dominicano
La República Dominicana no controla las decisiones de Washington, Pekín, Moscú, Bruselas o Jerusalén. Pero sí puede fortalecer su capacidad para resistir las consecuencias de esas decisiones.
Meta RD 2036 propone duplicar el PIB real dominicano, eliminar la pobreza extrema, crear 1,7 millones de empleos y triplicar el salario medio. La plataforma oficial se presenta como un espacio permanente de coordinación entre el Gobierno, el sector privado, la academia, la sociedad civil y la ciudadanía.
La meta es ambiciosa. También es necesaria.
Sin embargo, el principal problema dominicano ya no consiste únicamente en crecer. Consiste en modificar la calidad y las fuentes del crecimiento.
La presentación técnica de Meta RD 2036 indica que solo 0,2 puntos porcentuales del crecimiento histórico próximo al 5 % procedieron de la productividad. La mayor contribución provino de la acumulación de capital físico y humano.
Esto significa que el país no podrá duplicar sosteniblemente su economía limitándose a construir más, importar más trabajadores, ampliar el crédito o reproducir las mismas actividades. Necesita producir más valor con cada unidad de capital, trabajo, energía, territorio y conocimiento.
Marino Auffant, desde el Atlantic Council, sostiene que la República Dominicana deberá afrontar reformas estructurales aplazadas, especialmente en educación, efectividad institucional y capacidad fiscal, si quiere superar la trampa de renta media.
Dani Rodrik ofrece otra lección pertinente: la política industrial puede contribuir a la transformación productiva, pero requiere gobernanza, evaluación y una colaboración estratégica entre Estado y empresas. No debe confundirse con subsidios permanentes ni con protección sin resultados.
Mariana Mazzucato propone, por su parte, organizar la acción pública alrededor de misiones sociales concretas, con objetivos verificables y una distribución equilibrada de los riesgos y beneficios entre los sectores público y privado.
Estas ideas pueden darle profundidad a Meta RD 2036. La República Dominicana necesita convertir en misiones nacionales la seguridad energética, el agua, la educación técnica, la digitalización de las mipymes, la disminución de la informalidad, la logística, la innovación y la resiliencia climática.
Crecer para ampliar libertades
Amartya Sen enseñó que el desarrollo no debe medirse exclusivamente por el ingreso, sino por la expansión de las libertades y capacidades reales de las personas. La educación, la salud, las oportunidades económicas, la participación política y la protección frente a la pobreza forman parte inseparable del desarrollo.
Esa debe ser la dimensión humana de Meta RD 2036.
Duplicar el PIB será un logro histórico si también mejora el salario real, reduce la informalidad, amplía el acceso a la vivienda, fortalece la educación, garantiza agua de calidad y permite que las familias vivan con mayor seguridad.
De lo contrario, el país podría duplicar su economía sin convertirse plenamente en una sociedad desarrollada.
La República Dominicana necesita una autonomía inteligente: firme en sus valores democráticos, estrechamente vinculada a Estados Unidos, abierta a la diversificación de mercados y capaz de relacionarse con Europa, Asia, América Latina y el Caribe sin quedar subordinada a rivalidades ajenas.
También puede levantar una voz diplomática propia en defensa de la paz, la soberanía, la seguridad alimentaria, la financiación climática y un tratamiento más justo para los países de renta media.
La paz mundial y el desarrollo dominicano no son agendas separadas. Una nación turística, comercial, insular e importadora de energía depende de rutas seguras, mercados abiertos, reglas previsibles y estabilidad internacional.
La mejor política exterior dominicana comienza fortaleciendo la sociedad dominicana. Su mejor defensa será una economía productiva, una ciudadanía educada, un sistema energético resiliente, instituciones confiables y una cohesión social capaz de resistir los sobresaltos del mundo.
Ese debe ser el verdadero significado de Meta RD 2036: no solo duplicar el tamaño de la economía, sino multiplicar las capacidades, las oportunidades y la dignidad de la nación. /
Título: La paz también produce riqueza
1.- GUASABARAeditores
http://guasabaraeditor.blogspot.com/
email: guasabara.editor@gmail.com / orlandodiaz3@gmail.com guasabara.editores@gmail.com
Cel. 829.838-3957
+++++
NO SPAM
-Aviso legal: Su dirección de correo fue obtenida en una base de datos pública, si no desea recibir más correos de este tipo favor respondaeste correo con la palabra Remove, lamentamos los inconvenientes causados. En caso de removerse de la lista esto pudiera tardar de 48 a 72 horas en hacerse efectivo.
Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "GUASABARAeditor" de Grupos de Google.
Para cancelar la suscripción a este grupo y dejar de recibir sus mensajes, envía un correo electrónico a guasabaraeditor+unsubscribe@googlegroups.com.
Para ver este debate, visita https://groups.google.com/d/msgid/guasabaraeditor/CAKc34Zx7pczw%2B0f24NDtE_07Gx%2BpffsCMtCmiYjcHB_sa0bp-A%40mail.gmail.com.






Deligne Ascención[/caption]