La educaci贸n superior juega un papel decisivo en el desarrollo nacional porque es el espacio donde un pa铆s forma su capital humano avanzado, produce conocimiento, eleva la productividad, fortalece sus instituciones y crea las capacidades t茅cnicas, cient铆ficas y 茅ticas necesarias para competir en una econom铆a global cada vez m谩s exigente.
En el caso dominicano, universidades como la UASD no solo forman profesionales; tambi茅n cumplen una funci贸n hist贸rica de movilidad social, igualdad de oportunidades y construcci贸n de ciudadan铆a. La UNESCO define la educaci贸n superior como un bien cultural y cient铆fico que favorece el desarrollo personal y las transformaciones econ贸micas, tecnol贸gicas y sociales, adem谩s de estimular la investigaci贸n, la innovaci贸n y la adquisici贸n de competencias para un mercado laboral cambiante. [unesco.org]
Su primer aporte es la formaci贸n de talento humano. Ning煤n pa铆s puede sostener un proyecto de desarrollo si no cuenta con m茅dicos, ingenieros, economistas, docentes, juristas, investigadores, t茅cnicos, gestores p煤blicos, emprendedores y profesionales capaces de responder a los desaf铆os de su tiempo. La educaci贸n superior prepara a las personas para empleos de mayor calidad, mejora los ingresos y contribuye a reducir la pobreza y las desigualdades, especialmente cuando su acceso se democratiza. El Banco Mundial se帽ala que la educaci贸n impulsa el desarrollo econ贸mico de largo plazo, la innovaci贸n, el fortalecimiento institucional, la cohesi贸n social y sociedades m谩s equitativas. [bancomundial.org]
Su segundo papel es la investigaci贸n y la innovaci贸n. Las universidades no deben limitarse a repetir conocimientos: tienen que producirlos. En un pa铆s que aspira a consolidarse como hub log铆stico, destino tur铆stico inteligente, plataforma industrial, econom铆a digital y centro regional de comercio, la educaci贸n superior debe aportar estudios, tecnolog铆a, datos, laboratorios, pensamiento cr铆tico y soluciones aplicadas. Sin universidades fuertes, la competitividad se vuelve fr谩gil; sin investigaci贸n, el desarrollo se limita a administrar lo existente.
Un tercer aporte es la modernizaci贸n del Estado. La educaci贸n superior forma servidores p煤blicos, dise帽a pol铆ticas p煤blicas, eval煤a programas, genera evidencia y contribuye a profesionalizar la administraci贸n p煤blica. De ah铆 la importancia del v铆nculo entre academia y gesti贸n estatal. Cuando la universidad dialoga con el Estado, puede ayudar a mejorar la eficiencia, la transparencia, la planificaci贸n, la 茅tica p煤blica y la calidad de los servicios ciudadanos.
Tambi茅n cumple una funci贸n fundamental en la movilidad social. Para miles de familias dominicanas, la universidad ha sido el puente entre la pobreza y la oportunidad, entre la exclusi贸n y la ciudadan铆a plena. La UASD, en particular, representa esa promesa hist贸rica: abrir las puertas del conocimiento a sectores que, de otro modo, quedar铆an fuera de los circuitos de poder econ贸mico y profesional.
Adem谩s, la educaci贸n superior fortalece la democracia. Una sociedad con ciudadanos formados, cr铆ticos y conscientes es menos vulnerable a la manipulaci贸n, al clientelismo, al autoritarismo y a la desinformaci贸n. La universidad ense帽a a debatir, investigar, argumentar, disentir y construir consensos. Por eso, su funci贸n no es 煤nicamente econ贸mica; es tambi茅n cultural, 茅tica y republicana.
En s铆ntesis, la educaci贸n superior es una infraestructura estrat茅gica del desarrollo nacional. As铆 como un pa铆s necesita carreteras, puertos, energ铆a y tecnolog铆a, tambi茅n necesita universidades s贸lidas, docentes bien preparados, investigaci贸n financiada, carreras pertinentes, innovaci贸n aplicada y acceso equitativo. Sin educaci贸n superior de calidad, no hay productividad sostenible; sin productividad, no hay desarrollo; y sin desarrollo inclusivo, no hay verdadera justicia social.
Por eso, el desaf铆o dominicano no consiste solo en ampliar matr铆culas universitarias, sino en asegurar calidad, pertinencia, investigaci贸n, empleabilidad, inclusi贸n y vinculaci贸n con los sectores productivos y sociales. La universidad del siglo XXI debe formar profesionales, pero tambi茅n ciudadanos; debe graduar t茅cnicos competentes, pero tambi茅n l铆deres 茅ticos; debe responder al mercado, pero sin renunciar a su misi贸n superior: pensar la naci贸n y ayudar a transformarla.
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Para columna de diarios:
La academia, el servicio p煤blico y el derecho a seguir so帽ando
Por Luis Orlando D铆az V贸lquez | #Guas谩baraEditor
La investidura de Eduardo “Yayo” Sanz Lovat贸n como Profesor Honorario de la Universidad Aut贸noma de Santo Domingo trasciende la dimensi贸n de una distinci贸n personal y se proyecta como un gesto institucional que convoca a repensar la relaci贸n entre universidad, Estado, modernizaci贸n p煤blica y esperanza nacional. Cuando la Primada de Am茅rica reconoce una trayectoria vinculada a la gesti贸n, la transparencia, la competitividad y el desarrollo productivo, tambi茅n reafirma que el conocimiento solo alcanza plenitud cuando se pone al servicio del bien com煤n.
La Universidad Aut贸noma de Santo Domingo no es un escenario cualquiera. En su memoria institucional gravita una parte esencial de la historia dominicana: la formaci贸n de profesionales, la democratizaci贸n del conocimiento, la defensa de la movilidad social y la construcci贸n de ciudadan铆a. Por eso, cada acto solemne celebrado en su seno adquiere una dimensi贸n que supera el protocolo. Cuando la UASD inviste a una figura p煤blica como Profesor Honorario, no solo entrega un diploma o una dignidad acad茅mica; tambi茅n emite un mensaje sobre los valores que desea preservar, reconocer y proyectar hacia la sociedad.
La ceremonia, celebrada el martes 7 de julio de 2026 en el Sal贸n del Consejo Universitario, coloc贸 en el centro del debate la necesaria convergencia entre academia y servicio p煤blico, entre pensamiento y acci贸n, entre formaci贸n intelectual y gesti贸n del Estado. La distinci贸n otorgada a Sanz Lovat贸n, actual ministro de Industria, Comercio y Mipymes, y exdirector general de Aduanas, debe entenderse como parte de una reflexi贸n mayor sobre el papel de la educaci贸n superior en el desarrollo nacional.
La UASD, en su condici贸n de universidad p煤blica, tiene una misi贸n que no puede reducirse a la ense帽anza formal. Su papel hist贸rico consiste en abrir caminos, forjar igualdad, promover pensamiento cr铆tico y reconocer aquellas trayectorias que, desde distintos 谩mbitos, contribuyen al bienestar colectivo. En esa l贸gica, el reconocimiento adquiere sentido cuando se examina su relaci贸n con procesos concretos de modernizaci贸n institucional, eficiencia administrativa, impulso log铆stico, fortalecimiento del comercio exterior y respaldo a iniciativas universitarias como la Autoferia UASD.
Uno de los momentos m谩s relevantes del acto fue la afirmaci贸n del rector de la UASD, Editrudis Beltr谩n, quien expres贸: “Ser amigo de la UASD es convertirse en aliado del progreso, de las oportunidades y del desarrollo de la Rep煤blica Dominicana.” Esa frase encierra una lectura profunda: la universidad p煤blica no puede vivir encerrada en s铆 misma, ni el Estado puede actuar de espaldas al conocimiento. Entre ambos espacios debe existir una relaci贸n din谩mica, cr铆tica y constructiva. La academia aporta pensamiento, investigaci贸n y memoria; la gesti贸n p煤blica aporta capacidad de ejecuci贸n, pol铆ticas concretas y responsabilidad frente a las demandas sociales.
La trayectoria de Sanz Lovat贸n fue presentada como una s铆ntesis de formaci贸n jur铆dica, experiencia pol铆tica, sensibilidad social, vocaci贸n docente y gesti贸n p煤blica. Su paso por la Direcci贸n General de Aduanas qued贸 asociado a hitos como el programa “Despacho en 24 horas”, los niveles hist贸ricos de recaudaci贸n y la consolidaci贸n de la Rep煤blica Dominicana como plataforma log铆stica regional. M谩s all谩 de la valoraci贸n personal, esos elementos forman parte de una discusi贸n mayor sobre la necesidad de modernizar el Estado dominicano en 谩reas estrat茅gicas para la competitividad nacional.
La distinci贸n tambi茅n invita a reflexionar sobre el sentido 茅tico del servicio p煤blico. En tiempos de desconfianza, saturaci贸n informativa y vigilancia permanente a trav茅s de las redes sociales, ejercer una funci贸n p煤blica implica cargar con una presi贸n constante. Pero ah铆 reside precisamente la prueba del servidor p煤blico: no abandonar la tarea ante el ruido, no confundir cr铆tica con derrota, no convertir el poder en privilegio ni la responsabilidad en simple administraci贸n de cargos.
Quiz谩s el momento m谩s humano del discurso del nuevo Profesor Honorario fue su apelaci贸n al sue帽o. No al sue帽o entendido como ilusi贸n vac铆a, sino como fuerza interior que sostiene proyectos personales y colectivos. En la UASD, esa palabra tiene un peso especial. Cada estudiante que cruza sus aulas carga una aspiraci贸n familiar, una esperanza social y una promesa de futuro. La universidad p煤blica dominicana ha sido, durante generaciones, el espacio donde miles de j贸venes han convertido la precariedad en t铆tulo, la incertidumbre en profesi贸n y el sacrificio en movilidad social.
Al agradecer la distinci贸n, Sanz Lovat贸n pronunci贸 una frase de notable carga simb贸lica: “Ustedes, los profesores de esta instituci贸n son arquitectos de alma, son forjadores de sue帽os, son fuentes de inspiraci贸n.” Con esas palabras coloc贸 el reconocimiento recibido en una categor铆a superior. Ser profesor, incluso honorario, no es 煤nicamente portar un t铆tulo; es asumir una responsabilidad intelectual y moral. La docencia implica orientar, corregir, inspirar y dejar huellas. En una 茅poca dominada por la inmediatez, reivindicar la figura del maestro resulta necesario.
El acto tambi茅n estuvo cargado de s铆mbolos. La entrega del libro Tesoros Art铆sticos de la Universidad Aut贸noma de Santo Domingo conect贸 el reconocimiento con la memoria cultural de la instituci贸n. No fue un obsequio ornamental, sino una forma de recordar que la universidad no solo forma profesionales, sino que custodia patrimonio, sensibilidad, arte, historia y esp铆ritu nacional. El desarrollo no puede limitarse a indicadores econ贸micos: un pa铆s tambi茅n se mide por la calidad de sus s铆mbolos, el respeto a sus instituciones y la capacidad de enlazar eficiencia con humanidad.
Reconocer a un funcionario p煤blico desde la academia exige siempre una lectura equilibrada. La universidad no debe convertirse en extensi贸n protocolar del poder, ni el reconocimiento acad茅mico debe ser entendido como simple validaci贸n pol铆tica. Su valor reside en la solemnidad, el rigor y la responsabilidad con que se concede. La academia reconoce trayectorias, pero tambi茅n compromete a quienes distingue a actuar con mayor altura, prudencia y sentido de pa铆s.
La Rep煤blica Dominicana atraviesa una etapa en la que necesita conectar mejor sus aspiraciones con sus capacidades. Quiere ser hub log铆stico, potencia tur铆stica, plataforma de inversi贸n, centro regional de comercio y pa铆s de oportunidades. Pero ninguna de esas metas ser谩 sostenible si no se apoya en educaci贸n, institucionalidad, productividad, transparencia y cohesi贸n social. La UASD, por su historia y alcance, tiene un papel decisivo en esa ecuaci贸n.
La investidura de Eduardo Sanz Lovat贸n como Profesor Honorario de la UASD deja una ense帽anza que supera el homenaje personal: el pa铆s necesita reconciliar el conocimiento con la acci贸n, la esperanza con la disciplina, la gesti贸n con la 茅tica y el sue帽o con la responsabilidad. Porque, al final, la universidad no distingue 煤nicamente lo que una persona ha hecho; tambi茅n le recuerda lo que todav铆a est谩 llamada a hacer. Y en una naci贸n con tantas tareas pendientes, seguir so帽ando no es ingenuidad: es una forma superior de compromiso.
Sobre el autor |
Luis Orlando D铆az V贸lquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliogr谩fico y productor de medios de comunicaci贸n.