Tuesday, September 8, 2026

La siembra que germina: por qué PISA 2025 y la UNESCO validan la apuesta educativa dominicana


La siembra que germina: por qué PISA 2025 y la UNESCO validan la apuesta educativa dominicana https://guecin.com/de-la-cobertura-a-la-calidad-la-apuesta-educativa-que-empieza-a-dar-frutos/ a través de @Guecin @luisabinader @PresidenciaRD @EducacionRDo

🇩🇴📚 LA SEMILLA GERMINA: la apuesta educativa dominicana empieza a dar frutos 🌱

Mientras casi todo el mundo retrocedió tras la pandemia, la República Dominicana avanzó 💪. PISA 2025 y el nuevo informe de la UNESCO lo confirman: el país nada contra la corriente y mejora donde más cuesta hacerlo… en el aula. 🎯

📈 Los números que hablan:🔬 Ciencias: de 336 → 361 puntos (+25 desde 2018) 🧑‍🎓 Estudiantes en nivel básico: del 15% al 26%📖 Competencia lectora en primaria: se duplicó (8% → 16%) 🎓 Bachillerato: del 56% al 64%🏫 Primaria completada: 96%👩‍🏫 100% de docentes calificados (UNESCO)

⚖️ Y lo más justo de todo: la brecha entre estudiantes ricos y pobres (69 pts) es MENOR que el promedio de la OCDE (85 pts). 👉 Aquí la educación funciona como ascensor social, no como muro. 🚀

🇩🇴 Detrás de estos avances hay una decisión política sostenida del presidente @LuisAbinader: convertir la educación en causa nacional, no en política de gobierno. 🤝

📌 Todavía faltan retos —matemática sigue siendo el eslabón frágil y hay que blindar el calendario escolar— pero el rumbo es el correcto. Cada día de docencia cuenta.

🌎 Educar es el acto de fe más largo que emprende una nación… y la semilla ya germina. 🌱
✍️ Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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Los resultados de PISA 2025, respaldados por el más reciente informe de la UNESCO, confirman que la República Dominicana avanza en Ciencias, equidad, acceso y aprendizaje, un progreso que valida la decisión del Poder Ejecutivo de convertir la transformación educativa en causa nacional y no en simple política de gobierno.

Cuando la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) divulgó los resultados de las pruebas PISA 2025, la lectura apresurada se quedó, como suele ocurrir, con la fotografía del rezago. Y es cierto que la República Dominicana sigue por debajo del promedio de los países más avanzados: obtuvo 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura y 339 en Matemática, frente a los 482, 461 y 463 puntos que promedian, respectivamente, las naciones de la OCDE. Detenerse allí, sin embargo, sería negar la parte más importante de la historia: por primera vez en años, el país aparece en el grupo reducido de naciones que lograron mejorar su desempeño en Ciencias durante la última década, con un avance de veinticinco puntos entre 2018 y 2025 —de 336 a 361— y con la proporción de estudiantes que alcanzan el nivel básico saltando del 15 % al 26 %, un incremento de once puntos porcentuales.

Para dimensionar ese salto conviene una comparación honesta. Mientras la mayoría de los sistemas educativos del planeta retrocedió tras la pandemia —la propia OCDE registró caídas históricas en Matemática y Lectura en decenas de países, y economías como Argentina, México y Chile sufrieron descensos significativos—, la República Dominicana fue reconocida, junto a Lituania, Uruguay y Turquía, entre las que remontaron su rendimiento en Ciencias entre 2015 y 2025. Nadar contra una corriente que arrastró a la baja incluso a potencias educativas no es un detalle menor: es la diferencia entre una tendencia y un accidente.

Ese dato no es una casualidad estadística. Es el reflejo de una decisión política sostenida. El Poder Ejecutivo, encabezado por el presidente Luis Abinader, asumió desde el inicio de su gestión una premisa incómoda pero honesta: que invertir más no garantiza, por sí solo, mejores resultados, y que el verdadero desafío dominicano ya no era ampliar la cobertura —lograda tras años de esfuerzo fiscal con el histórico 4 % del PIB— sino convertir esa inversión en aprendizajes reales dentro del aula. Reconocer el problema con esa franqueza es, en sí mismo, el primer paso de cualquier reforma seria.

[caption id="attachment_1479" align="alignleft" width="300"] Educación de la República Dominicana avanza en ciencias, equidad, acceso y aprendizaje, según PISA y la Unesco[/caption]

Sobre esa base, el Gobierno ha desplegado una hoja de ruta que empieza a articular expansión y calidad. La Consulta Nacional sobre el Futuro de la Educación, que recogió los aportes de más de siete mil participantes y contó con la colaboración de tres expresidentes de la República, elevó la reforma a la categoría de proyecto de nación llamado a trascender los periodos presidenciales. A ello se suman medidas concretas y verificables: la preparación específica de más de doscientos mil estudiantes de cara a las pruebas PISA, la entrega de más de mil cien equipos de robótica bajo el enfoque STEAM, el programa "Niñas en las TIC" para cerrar la brecha de género en tecnología y la territorialización de la formación técnica, que llevó al INFOTEP de ocho a sesenta y siete centros. Son piezas de una misma estrategia: preparar a la juventud dominicana para la economía del conocimiento y la Cuarta Revolución Industrial.

El esfuerzo también se palpa en el ladrillo y en el aula. Solo de cara al año escolar 2026-2027, el Ministerio de Educación incorporó más de mil doscientas aulas nuevas y ejecutó labores de mantenimiento correctivo en más de mil trescientos planteles, mientras asignó para este año un presupuesto superior a los trescientos treinta y dos mil millones de pesos destinados a fortalecer la cobertura y la calidad del sistema. A esa inversión física se añade una apuesta institucional de fondo: la propuesta de reorganizar el sistema para que el 4 % del PIB fluya de manera más coherente a través de todos los niveles educativos, buscando mayor eficiencia y mejor coordinación.

Y aquí conviene incorporar una segunda mirada, que rara vez llega a los titulares. Los avances de PISA no viajan solos: coinciden con el más reciente Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2026 (GEM) de la UNESCO, titulado "Acceso y equidad: cuenta regresiva para 2030", que documenta una evolución favorable del sistema dominicano en acceso, finalización y profesionalización docente. Según ese reporte, la matrícula de los niños un año antes de la edad oficial de ingreso a primaria pasó de 86 % a 93 % entre 2015 y 2024; la finalización de la educación primaria subió de 90 % a 96 %; la secundaria baja avanzó de 83 % a 89 %, y el bachillerato creció de 56 % a 64 %, una mejora de ocho puntos porcentuales. En materia de aprendizaje, la proporción de estudiantes que alcanza el nivel mínimo de competencia lectora al finalizar la primaria se duplicó, de 8 % a 16 %.

Hay, incluso, un dato que suele pasar inadvertido y que habla de los cimientos del sistema: la UNESCO registra un 100 % de docentes calificados en preprimaria, primaria y secundaria, con la formación pedagógica requerida, y un 98 % de participación en capacitación continua en servicio en el nivel secundario. No se construye calidad sin maestros formados, y ese es precisamente el terreno donde el país ha sembrado con más constancia.

Hay, además, una dimensión que merece celebrarse sin reservas. PISA 2025 no solo midió puntajes; midió justicia. Y en ese terreno la República Dominicana exhibe una fortaleza que muchos países desarrollados envidiarían: la brecha de rendimiento entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos fue de sesenta y nueve puntos en Ciencias, sensiblemente menor que los ochenta y cinco puntos del promedio de la OCDE, y un 12 % de los alumnos de menor nivel socioeconómico logró ubicarse entre el 25 % de mejor desempeño del país, proporción equivalente al promedio de la propia OCDE. Esa cifra se corresponde, además, con el cierre de la brecha de participación en la educación previa a la primaria entre los niños del quintil de menores ingresos y los de mayores ingresos que documenta la UNESCO. En un continente donde el origen social suele sellar el destino escolar, ese conjunto de datos tiene un peso moral enorme: significa que el sistema, con todas sus carencias, está funcionando como un ascensor social y no como un muro que perpetúa privilegios.

Nada de esto equivale a triunfalismo, y sería un flaco favor a la educación pretenderlo. Persisten desafíos formidables. El 74.1 % de los estudiantes dominicanos aún se ubica en la categoría de bajo desempeño en Ciencias —frente a un 25.7 % en la OCDE—; apenas un 9 % alcanza el nivel básico en Matemática, contra el 65 % del promedio de los países desarrollados, y solo un 23 % lo logra en Lectura. Conviene, además, no maquillar un retroceso puntual: en Matemática, el país había escalado a 360 puntos en 2022 y esta vez bajó a 339, señal de que ese dominio sigue siendo el eslabón más frágil de la cadena. En el escalafón global, la República Dominicana se sitúa en el puesto 81 de 91 naciones participantes en Ciencias y en el lugar 11 de 13 en América Latina, superando en la región únicamente a Paraguay y Guatemala.

A esas brechas se suma una alerta que ninguna autoridad debería ignorar, y que esta vez viene acompañada de evidencia contundente: el tiempo efectivo de docencia. PISA 2025 halló que los estudiantes con asistencia regular durante las dos semanas previas a la prueba obtuvieron alrededor de veinte puntos más en Ciencias que quienes reportaron cinco o más días completos de inasistencia. El dato es especialmente sensible porque cerca del 50 % de los alumnos dominicanos faltó al menos un día en ese período —frente al 22 % de la OCDE— y porque, durante el año lectivo 2024-2025, las regionales educativas perdieron un promedio de 18.9 días de docencia. El propio Ministerio ha reconocido el problema y ha respondido con hechos: en el marco de la Mesa de los Cinco Pilares trabaja en un protocolo de cumplimiento del calendario escolar, y el Consejo Nacional de Educación agregó dos semanas adicionales al calendario para reponer los días perdidos. Como resumió el propio presidente con claridad meridiana: no basta con invertir más, hay que asegurarse de que los estudiantes aprendan más y mejor.

Pero precisamente por eso los datos de PISA 2025 y de la UNESCO deben leerse como un aliciente y no como una condena. Confirman que la ruta trazada —la que va de la cobertura hacia la calidad— es la correcta, y que empieza a mover la aguja donde más cuesta moverla: en el aprendizaje real. La tarea de los próximos años es blindar esa continuidad, proteger el calendario escolar, redoblar el esfuerzo en Matemática y sostener, por encima de los vaivenes políticos, el consenso nacional que el Ejecutivo ha sabido convocar. Si el país mantiene el rumbo con la misma constancia con que lo ha iniciado, la generación que hoy se prepara para las pruebas internacionales será la primera en cosechar, plenamente, los frutos de esta siembra.

Educar es el acto de fe más largo que emprende una nación, porque sus resultados se recogen décadas después de sembrados. La República Dominicana decidió hacer esa apuesta en serio, y PISA 2025 —con el respaldo de la UNESCO— acaba de confirmar que la semilla germina.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Titular: La siembra que germina: por qué PISA 2025 y la UNESCO validan la apuesta educativa dominicana

 

Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

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La siembra que germina: PISA 2025 y la UNESCO validan la apuesta educativa dominicana

Los resultados de PISA 2025, respaldados por el más reciente informe de la UNESCO, confirman que la República Dominicana avanza en ciencias, equidad, acceso y aprendizaje, un progreso que valida la decisión del Poder Ejecutivo de convertir la transformación educativa en causa nacional.

Santo Domingo, 8 de septiembre de 2026.– Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA 2025), coordinados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), registran avances de la República Dominicana respecto a 2018, con una evolución especialmente favorable en ciencias y resultados positivos en materia de equidad socioeconómica.

La evaluación, coordinada en el país por el Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE), fue aplicada entre el 21 de abril y el 30 de mayo de 2025 a 7,080 estudiantes de 15 años, pertenecientes a 257 centros educativos de las 18 regionales del país. La muestra representa aproximadamente a 127,900 estudiantes dominicanos de esa edad.

Ciencias concentra el avance más significativo

El puntaje promedio en ciencias pasó de 336 puntos en 2018 a 361 en 2025, un incremento de 25 puntos. En ese mismo período, la proporción de estudiantes que alcanza al menos el nivel básico de competencias definido por PISA aumentó del 15 % al 26 %, una mejora de 11 puntos porcentuales.

Las otras dos áreas evaluadas también presentan puntajes superiores a los de 2018: matemática pasó de 334 a 339 puntos y lectura, de 342 a 346. En 2025, ciencias obtuvo el mayor puntaje entre los tres dominios evaluados.

Con este resultado, la República Dominicana fue reconocida —junto a Lituania, Uruguay y Turquía— entre las naciones que remontaron su rendimiento en ciencias, en un contexto internacional marcado por caídas históricas tras la pandemia.

Equidad educativa: una fortaleza del sistema

Los resultados colocan la equidad socioeconómica entre las fortalezas relativas del sistema educativo dominicano. El 12 % de los estudiantes de menor nivel socioeconómico logra ubicarse entre el 25 % de mejor desempeño en ciencias del país, una proporción equivalente al promedio de la OCDE. Asimismo, la brecha de rendimiento entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos fue de 69 puntos en ciencias, sensiblemente menor que los 85 puntos del promedio de la OCDE.

La UNESCO complementa la trayectoria observada por PISA

Estos avances coinciden con el más reciente Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2026 (GEM) de la UNESCO, titulado "Acceso y equidad: cuenta regresiva para 2030", que documenta una evolución favorable del sistema dominicano en acceso, finalización y aprendizaje:

  • La participación de los niños un año antes de la edad oficial de ingreso a primaria pasó de 86 % a 93 % (2015-2024).
  • La finalización de la educación primaria subió de 90 % a 96 %.
  • La secundaria baja avanzó de 83 % a 89 % y el bachillerato creció de 56 % a 64 %.
  • La proporción de estudiantes que alcanza el nivel mínimo de competencia lectora al finalizar la primaria se duplicó, de 8 % a 16 %.

El informe registra además un 100 % de docentes calificados en preprimaria, primaria y secundaria, y un 98 % de participación en capacitación continua en el nivel secundario.

Proteger el tiempo de docencia fortalece los aprendizajes

PISA 2025 aporta evidencia sobre la importancia del tiempo efectivo de docencia. Los estudiantes con asistencia regular durante las dos semanas previas a la prueba obtuvieron alrededor de 20 puntos más en ciencias que quienes reportaron cinco o más días de inasistencia. Durante el año lectivo 2024-2025, las regionales educativas registraron un promedio de 18.9 días de docencia perdidos.

Ante ello, el Ministerio de Educación (Minerd) ha priorizado la protección del calendario y el horario escolar. En el marco de la Mesa de los Cinco Pilares se desarrolla un protocolo de cumplimiento del calendario, y el Consejo Nacional de Educación agregó dos semanas adicionales para reponer los días perdidos.

Desafíos que persisten

Los avances no eclipsan los retos pendientes. El 74.1 % de los estudiantes dominicanos aún se ubica en bajo desempeño en ciencias; apenas un 9 % alcanza el nivel básico en matemática y un 23 % en lectura. En matemática, además, el país descendió de 360 puntos en 2022 a 339 en 2025, confirmando que ese dominio sigue siendo el eslabón más frágil. En el escalafón global, la República Dominicana se sitúa en el puesto 81 de 91 naciones participantes en ciencias.

Una transformación con visión de nación

Los resultados se conocen mientras el Gobierno dominicano, encabezado por el presidente Luis Abi 

nader, impulsa un proceso de transformación educativa que abarca desde la reforma legal hasta la curricular. Iniciativas como la Consulta Nacional sobre el Futuro de la Educación —con más de siete mil participantes y la colaboración de tres expresidentes—, la preparación de más de 200,000 estudiantes de cara a PISA, la entrega de equipos de robótica bajo el enfoque STEAM y la expansión del INFOTEP de 8 a 67 centros consolidan una estrategia orientada a la economía del conocimiento.

El Minerd reafirma que incorporará los resultados de PISA y las demás mediciones como evidencia para orientar y profundizar la transformación educativa, con especial atención al fortalecimiento de los aprendizajes y al aprovechamiento efectivo del tiempo de docencia. Como ha sostenido el propio presidente: "no basta con invertir más, hay que asegurarse de que los estudiantes aprendan más y mejor".
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Ing. Luis Orlando Díaz Vólquez
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