Por Luis Orlando D铆az V贸lquez | #Guas谩baraEditor
La XXIII Convenci贸n Nacional Extraordinaria del Partido Revolucionario Moderno (PRM), celebrada este domingo 5 de julio de 2026 en el Hotel Marriott Piantini, en Santo Domingo, no puede leerse como un simple acto org谩nico de tr谩mite interno. Por su naturaleza, por el momento pol铆tico en que se produce y por los temas convocados, representa una jornada de alta significaci贸n para el sistema de partidos de la Rep煤blica Dominicana. La convocatoria reuni贸 a delegados y delegadas, dirigentes y miembros de la alta direcci贸n del partido oficialista, con una agenda centrada en conocer, enmendar o aprobar propuestas de modificaci贸n a sus estatutos internos, en cumplimiento de la legislaci贸n electoral vigente, los estatutos partidarios y una resoluci贸n previa del Comit茅 Nacional aprobada el 21 de junio de 2026. 12
Lo relevante de esta convenci贸n no reside 煤nicamente en que el PRM haya convocado a sus organismos de decisi贸n, sino en el contenido pol铆tico de las reformas discutidas. De acuerdo con los reportes disponibles, la propuesta principal contemplaba reducir de cuatro a dos a帽os el per铆odo de las autoridades partidarias elegidas en el actual proceso de renovaci贸n, estableciendo un car谩cter transitorio hasta despu茅s de las elecciones de 2028. Tambi茅n se plante贸 un principio de incompatibilidad para impedir que dirigentes con puestos clave —como presidente, vicepresidente o secretario general del partido— formen parte del Gabinete Presidencial, con el prop贸sito de exigir dedicaci贸n exclusiva a los asuntos partidarios. 32
Vista en profundidad, esa discusi贸n toca uno de los nervios m谩s sensibles de la democracia dominicana contempor谩nea: la relaci贸n entre partido, Gobierno y Estado. Todo partido que llega al poder enfrenta el riesgo de diluir su vida org谩nica dentro de la maquinaria gubernamental. Cuando eso ocurre, la organizaci贸n pol铆tica deja de ser espacio de deliberaci贸n, formaci贸n, fiscalizaci贸n y renovaci贸n, para convertirse en extensi贸n administrativa del poder. Por eso, una regla de incompatibilidad entre funciones partidarias estrat茅gicas y posiciones gubernamentales, si se aplica con rigor, puede contribuir a separar responsabilidades, reducir conflictos de inter茅s y preservar la autonom铆a institucional del partido frente al ejercicio cotidiano del Gobierno. 32
La convenci贸n tambi茅n se inscribe en un proceso m谩s amplio de revisi贸n estatutaria iniciado a finales de mayo de 2026, cuando la Direcci贸n Ejecutiva del PRM design贸 una comisi贸n integrada por Roberto Fulcar, Dar铆o Castillo, Guido G贸mez Mazara, Sigmund Freund, Dionicio de los Santos, Yadira Henr铆quez y Salvador Ramos, con el encargo de presentar una propuesta de reforma participativa, ordenada y representativa. Esa comisi贸n deb铆a entregar sus conclusiones antes del 14 de junio, lo que permite entender la cita del 5 de julio como la culminaci贸n formal de una etapa de debate interno y no como una convocatoria improvisada. 24
Otro punto de especial importancia es la propuesta de habilitar cinco nuevos espacios en la Direcci贸n Ejecutiva para representantes de la di谩spora e incluir a presidentes provinciales como miembros de ese organismo. Esta dimensi贸n territorial y transnacional tiene una lectura pol铆tica profunda. La di谩spora dominicana ya no es un actor perif茅rico de la vida nacional: vota, invierte, remesa, opina, comunica y condiciona narrativas p煤blicas desde ciudades globales como Nueva York, Madrid, Boston, Miami y San Juan. Incorporarla de manera m谩s visible en la estructura de direcci贸n partidaria supone reconocer que la pol铆tica dominicana del siglo XXI se decide no solo en el territorio nacional, sino tambi茅n en los espacios donde vive, trabaja y se organiza una parte sustancial de la comunidad dominicana en el exterior. 32
La inclusi贸n de presidentes provinciales tambi茅n revela una necesidad de descentralizaci贸n interna. En los partidos modernos, la conexi贸n entre direcci贸n nacional y estructuras territoriales es vital para evitar que las decisiones se tomen exclusivamente desde c煤pulas urbanas o c铆rculos de poder concentrados. Un partido con vocaci贸n mayoritaria necesita escuchar sus provincias, municipios, distritos municipales y seccionales del exterior. De lo contrario, corre el riesgo de administrar victorias electorales sin producir cohesi贸n pol铆tica duradera. La convenci贸n, en ese sentido, puede interpretarse como una tentativa de ordenar el v铆nculo entre centro y periferia dentro de la organizaci贸n. 43
No menos significativo es el debate sobre la limitaci贸n de permanencia en los cargos. Seg煤n los reportes publicados, la propuesta tambi茅n establec铆a que ninguna autoridad partidaria pudiera ocupar el mismo puesto por m谩s de dos per铆odos consecutivos. Esta disposici贸n, de aprobarse y cumplirse, apuntar铆a a prevenir la petrificaci贸n dirigencial, abrir espacios a nuevos liderazgos y evitar que la institucionalidad partidaria sea capturada indefinidamente por grupos internos. La democracia no solo se predica hacia afuera; se demuestra hacia adentro. Un partido que regula la permanencia de sus autoridades env铆a una se帽al de que la renovaci贸n no debe depender 煤nicamente de coyunturas, presiones o conflictos, sino de normas claras y previsibles. 32
La XXIII Convenci贸n Nacional Extraordinaria ocurre, adem谩s, en un momento en que el PRM enfrenta el desaf铆o de administrar simult谩neamente el poder, la renovaci贸n interna y la expectativa social. Como partido oficialista, su fortaleza no se mide solo por su capacidad electoral, sino por su habilidad para institucionalizar procesos, canalizar tensiones y evitar que las diferencias internas se conviertan en fracturas p煤blicas. Algunos reportes vinculan esta reforma con tensiones generadas por el m茅todo de “consenso” promovido para la selecci贸n de autoridades a principios de a帽o, mecanismo que habr铆a sido rechazado por diversos sectores internos. Ese dato revela que la convenci贸n no solo tiene una dimensi贸n normativa, sino tambi茅n una funci贸n pol铆tica de recomposici贸n, arbitraje y legitimaci贸n. 34
En pol铆tica, el consenso puede ser una virtud cuando nace de la deliberaci贸n transparente; pero puede convertirse en problema cuando se percibe como imposici贸n, reparto cerrado o sustituci贸n de la voluntad de las bases. Por eso, el valor real de esta convenci贸n depender谩 menos del discurso formal y m谩s de la calidad del procedimiento: qui茅nes participaron, c贸mo se discutieron las reformas, qu茅 nivel de apertura tuvieron las propuestas, qu茅 mecanismos de votaci贸n se usaron y hasta qu茅 punto los delegados ejercieron una funci贸n deliberativa efectiva. Una organizaci贸n pol铆tica madura no teme al debate interno; lo ordena, lo procesa y lo convierte en energ铆a institucional.
Esta convenci贸n tambi茅n obliga a mirar el papel de la Ley n煤m. 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Pol铆ticos y la Ley n煤m. 20-23, Org谩nica del R茅gimen Electoral, marcos jur铆dicos mencionados en la convocatoria. La institucionalidad democr谩tica dominicana ha avanzado en regular el funcionamiento de los partidos, pero la ley por s铆 sola no basta. Las normas pueden establecer procedimientos, plazos, requisitos y 贸rganos; sin embargo, la cultura democr谩tica se construye cuando los partidos asumen esas reglas no como formalidades obligatorias, sino como instrumentos para fortalecer la confianza p煤blica. 25
Desde esa perspectiva, la XXIII Convenci贸n Nacional Extraordinaria del PRM debe ser examinada m谩s all谩 de sus efectos internos. En una democracia representativa, los partidos no son asociaciones privadas sin consecuencias p煤blicas. Son veh铆culos de representaci贸n, canales de intermediaci贸n social y plataformas desde las cuales se organiza el acceso al poder. Por tanto, cuando un partido con responsabilidades de Gobierno modifica sus estatutos, redefine sus 贸rganos de direcci贸n o regula la relaci贸n entre partido y Administraci贸n P煤blica, el impacto se proyecta sobre la calidad del sistema pol铆tico nacional.
El reto del PRM, luego de esta convenci贸n, ser谩 convertir las reformas aprobadas —si fueron ratificadas en los t茅rminos propuestos— en pr谩cticas verificables. La historia pol铆tica dominicana est谩 llena de estatutos bien redactados y pr谩cticas deficientemente aplicadas. La verdadera prueba no ser谩 la proclamaci贸n de la reforma, sino su cumplimiento: que la incompatibilidad no sea selectiva; que la di谩spora no sea decorativa; que las provincias no sean invitadas solo para legitimar decisiones previamente tomadas; que la renovaci贸n no sea un simple relevo nominal; y que la transitoriedad de las autoridades no termine convertida en permanencia disfrazada.
Tambi茅n habr谩 que observar c贸mo esta convenci贸n incide en el equilibrio interno del partido hacia el ciclo pol铆tico posterior a 2026 y, especialmente, hacia las elecciones de 2028. La reducci贸n del per铆odo de las autoridades partidarias a dos a帽os, con car谩cter transitorio, puede ser interpretada como una ingenier铆a institucional para garantizar flexibilidad durante una etapa de reacomodo pol铆tico. Pero esa flexibilidad debe manejarse con prudencia. Si se usa para ordenar la transici贸n interna, puede fortalecer al partido; si se utiliza para administrar cuotas coyunturales sin resolver tensiones de fondo, podr铆a posponer conflictos que luego emerjan con mayor intensidad.
En el plano simb贸lico, la convenci贸n pretende proyectar una imagen de unidad, disciplina y fortalecimiento. Esa narrativa es comprensible en cualquier partido que ejerce el poder y busca preservar cohesi贸n. Sin embargo, la unidad pol铆tica aut茅ntica no consiste en la ausencia de diferencias, sino en la capacidad de procesarlas bajo reglas aceptadas por todos. La unidad que vale es la que se construye con institucionalidad, no la que se impone con silencios. La disciplina que fortalece es la que respeta la deliberaci贸n, no la que anula la pluralidad.
La XXIII Convenci贸n Nacional Extraordinaria del PRM deja, por tanto, una ense帽anza mayor: los partidos dominicanos est谩n llamados a evolucionar desde estructuras electorales hacia instituciones pol铆ticas modernas. Eso implica reglas claras, renovaci贸n generacional, controles internos, transparencia, formaci贸n pol铆tica, territorialidad real, inclusi贸n de la di谩spora y separaci贸n responsable entre funciones partidarias y gubernamentales. La democracia dominicana no ser谩 m谩s fuerte que sus partidos; y sus partidos no ser谩n m谩s fuertes que la calidad de sus normas, liderazgos y pr谩cticas internas.
Si el PRM logra convertir esta convenci贸n en un punto de inflexi贸n institucional, habr谩 dado un paso importante hacia la consolidaci贸n de una organizaci贸n m谩s moderna, funcional y democr谩tica. Si, por el contrario, la reforma queda reducida a una operaci贸n de equilibrio interno, su alcance hist贸rico ser谩 limitado. En todo caso, el 5 de julio de 2026 queda registrado como una fecha clave en la ruta org谩nica del partido oficialista: una jornada en la que no solo se discutieron estatutos, sino tambi茅n el tipo de partido que el PRM aspira a ser frente a sus bases, frente al Gobierno y frente a la sociedad dominicana.
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